¿Cuántos cojines tienes en casa? Ideas de juego y movimiento para niños en días de frío y lluvia

¿Cuántos cojines tienes en casa? Ideas de juego y movimiento para niños en días de frío y lluvia

En Nueva York son muchos los días en los que el frío y la nieve son protagonistas del clima. Las escasas horas de sol acortan las posibilidades de juego en el exterior. Hay algunas familias sin embargo, que dan prioridad al contacto con la naturaleza haga frío, llueva o nieve. Su máxima es “no existe el mal tiempo, sino la mala ropa”.

Realmente estoy de acuerdo, es precioso estar en contacto con los elementos, y disfrutar del precioso paisaje que ofrece por ejemplo, el Prospect Park de Brooklyn durante las cuatro estaciones.

¿Pero qué ocurre cuando los niños van a escuelas en las que se hacen horarios larguísimos y cuando se sale ya es de noche? ¿Y cuando los padres llegan tarde y no se dispone de ese tiempo? ¿Qué ocurre si en la escuela se da prioridad a los trabajos intelectuales y no tienen apenas tiempo para moverse? Muchos niños después del horario escolar asisten a muchas actividades extraescolares, pero no todas las familias disponen del dinero para realizarlas. Además, en muchas de estas actividades el adulto acompañante decide qué hacer durante todo el tiempo y en ocasiones no hay espacio para el juego y el movimiento, tan importante según están apuntando muchos expertos en distintos campos como la educación, la psicomotricidad o la neurociencia.

Algunos referentes que he encontrado con sólo una primera búsqueda han sido Emi Pikler, Bernard Aucouturier, y neurocientíficos como John Ratey. Este último reivindica la relación entre aprendizaje y ejercicio físico, asegurando que los niños mejoran su rendimiento académico con el deporte, y que incluso los adultos de cualquier edad podemos optimizar nuestras funciones cerebrales a través del movimiento físico. Uno de los libros en los que cuenta todo esto se llama “Spark”: The Revolutionary New Science of Exercise and the Brain.

Cada uno tiene miradas distintas, y realiza aportaciones que convendría analizar separadamente, sin embargo nos remiten a una idea básica que podemos comprobar también a partir de la observación desligada de cualquier contenido teórico: los niños son puro movimiento, especialmente durante el primer septenio de su vida, por lo que su juego en el espacio en el que viven tiene que permitir que se cubra esta necesidad corpórea tan básica.

Después de visitar diversos apartamentos donde viven familias en Nueva York, y diferentes espacios educativos, y de observar a los niños que los habitaban, he llegado a esta conclusión de que siempre es posible garantizar ese juego, si el espacio no está demasiado lleno de cosas. Disponiendo de una cierta cantidad de espacio vacío, dispondremos de un lugar transformable, al servicio del juego y el movimiento del niño en momentos puntuales.

Si disponemos de ese espacio libre podemos añadir algunos elementos domésticos muy sencillos como cojines, colchones y tal vez algún material más concreto como una hamaca para convertir una casa en un lugar donde los niños se puedan mover y experimentar con su cuerpo. ¡Toda una actividad realizada sin juguetes y con impacto cero!

Os sorprenderá descubrir que muchos niños que no han crecido en una casa con hamaca, cuando entran en una que dispone de este sencillo artilugio, olvidan casi por completo cualquier objeto material y se lanzan a explorar sus posibilidades de movimiento y de juego y olvidan el resto de cosas materiales.

Transformar la casa para que permita ese movimiento y ese juego es algo al alcance de todos, si somos conscientes de su importancia y puede ayudar a los niños a compensar la falta de ejercicio físico en los días en los que el clima o la organización familiar por trabajo, hermanos pequeños o enfermedad, por ejemplo, no lo permita.

Es necesario establecer también unos límites que permitan la seguridad, que garanticen las relaciones entre los niños y que aseguren la no destrucción de los materiales.  Y añadiría que convendría establecer límites horarios para no molestar demasiado a los vecinos. Os resultará curioso saber que en Nueva York cuando se alquila un piso algunos propietarios añaden al contrato una clausula en la que se indica la obligatoriedad de cubrir todo el piso con alfombras. El objetivo no es decorarlo… ¡sino aminorar el sonido de los niños jugando!

Así que me he puesto a modificar un espacio doméstico recolocando los cojines de la casa, creando algunos recorridos con ellos para luego invitar algunas familias con niños para que los disfruten. He podido comprobar que ¡funciona! Los niños saltan en ellos, se mueven, se tambalean, corren, construyen, destruyen, juegan simbólicamente a ser distintos personajes y ¡no se les terminan nunca las ideas!

Si se añaden algunos pequeños juguetes en algún rincón o elementos de dibujo la energía puede ir de la más expansiva a la más tranquila sin dificultad.

La experiencia sin duda alguna ha hecho nacer en mí la necesidad de investigar el tema del movimiento del niño en primer septenio.  De momento os dejo esta pequeña experiencia vivencial, que seguramente muchos de vosotros habréis experimentado, basada en la pura observación y algunos links para que comencéis a echar un vistazo a este tema.

Y vosotros, ¿qué soluciones de movimiento habéis encontrado para los días de frío y lluvia para la vida en familia? ¿Conocéis algún proyecto o profesional que reconozca la importancia del movimiento en los niños?

Links relacionados

Artículo sobre la importancia de modificar la casa cuando tenemos familia

Artículo sobre la necesidad de movimiento al menos una hora al dia

John Ratey neurocientífico

Emi Pikler y el instituto Lóczy

Sobre Bernard Aucouturier y la práctica psicomotriz



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