La escuela sin ir a la escuela: aprendizajes posibles.

La escuela sin ir a la escuela: aprendizajes posibles.

¿Qué están aprendiendo los niños en este tiempo de escuela sin ir a la escuela? ¿Qué oportunidades esconde este momento para grandes y pequeños y para las comunidades educativas?

La diversidad de familias y escuelas

Mi curiosidad natural me ha llevado a estudiar pedagogías llamadas alternativas o innovadoras y a estar en contacto con proyectos con miradas educativas muy distintas. En Nueva York y en Barcelona también he conocido muchas familias que han optado por el homescholing o unscholing, o incluso el worldschooling. También he conocido muchos maestros extraordinarios en escuelas públicas que no llevan ningún sello educativo especial.

Las diferencias educativas pueden ser muchas entre todas las opciones educativas existentes. Si a ello añadimos la diversidad de las familias, lleven éstas a los niños a la escuela o no, nos encontramos delante de una constelación enorme de posibilidades.

Se percibe cada vez más un interés en ofrecer un entorno lo más rico y nutritivo a los niños, aunque las soluciones que se encuentren sean distintas en cada familia y centro educativo. Tal vez porque se ha desarrollado una mayor consciencia de que los niños de hoy son quienes construirán mañana el futuro de la humanidad.

Aunque en el corazón la gran mayoría de padres y maestros lleven el mismo deseo de ofrecer lo mejor a los niños, en la práctica, los recursos con los que se cuentan pueden ser muy distintos. Y eso significa que de manera objetiva, las diferencias -no sólo pedagógicas- entre las familias y las escuelas, pueden ser abismales.

Algunas familias puede que tengan que enfrentarse a horarios laborables interminables, con la consecuente falta de tiempo, que puede derivar en ocupar a los niños con gran cantidad de actividades que hagan las veces de canguro. Otras familias pueden estar atravesando problemas incluso mucho más graves, de índole psicológica o de extrema vulnerabilidad social o económica.

En cuanto a las escuelas, puede ser que, al margen de la línea pedagógica que hayan elegido, no dispongan de los recursos necesarios para responder a la gran variedad de situaciones familiares y diversidad de sus alumnos.

Y es que, lo que más separa a las familias y las escuelas, tal vez no sean las diferentes miradas sobre la educación, sino las distintas situaciones y biografías familiares.

Reconocer la individualidad de cada familia

No podemos negar que los recursos económicos, pero también las características culturales de los miembros de la familia y sus situaciones personales, son determinantes para los niños. Del mismo modo, también es de igual importancia el entorno social y cultural en el que se encuentran.

En estos días en que las escuelas están cerradas, las circunstancias y características familiares están cobrando una importancia crucial. Y, a pesar del confinamiento, se están haciendo visibles más allá de sus muros. Es momento de subrayar que las circunstancias familiares a las que se enfrenta cada familia ofrece escenarios muy distintos.

Las características de la vivienda, vivir con otros niños o ser hijo único, el contar o no con ahorros, tener familiares dependientes o enfermos, padecer algún tipo de enfermedad mental, realizar trabajos con horarios muy exigentes o de riesgo, ser extranjero, con lo que puede conllevar – tener que preocuparse de la familia a distancia, no dominar el idioma del país en el que se vive, etc.-, no disponer de una comunidad de apoyo cercana, y muchas cosas más, pueden hacer la vida absolutamente distinta. No digamos ya el gran drama que supone que en una familia hayan casos de adicciones o maltratos.

Cuando llega una situación de emergencia como la que estamos viviendo, no podemos nunca caer en generalizaciones. Cada familia vivirá esta crisis de manera única. Es previsible que en algunas situaciones la capacidad de resiliencia de sus miembros, debido a la adversidad de su situación, sea potencialmente menor.

La escuela en la distancia

Desde el momento en el que las escuelas cierran y comienza a realizarse la didáctica a distancia, tenemos que cuestionarnos qué es lo que llega a casa de lo que se hacía en la escuela.

No es posible reproducir las condiciones de la escuela en los hogares. Simplemente, porque no se cuenta con una conexión real y participativa con el maestro y el trabajo social del grupo. Y no sólo eso. Muchas escuelas trabajan muchísimo el ambiente, los colores del aula, los materiales educativos, las propuestas… todo ello es imposible de reproducir a distancia.

¿Qué queda pues en la didáctica a distancia? Ciertamente, en niños de primaria que ya hayan establecido un fuerte vínculo con el profesor y los hábitos de la escuela, pueden mantenerse un cierto interés en los contenidos si éstos se muestran de manera comprensible y atractiva, y en una cantidad moderada. No se trata tal vez de hacer las mismas clases presenciales, sino de adaptarse al hecho de realizarlas online. Lo cual requiere una gran cantidad de tiempo y energía también a los maestros.

A ello hay que sumar que muchos niños no son autónomos con la tecnología. Y puede que ni siquiera lo sean con los deberes en papel, y que no hagan solos lo en otro momento hacían tranquilamente. Pero no porque no sean capaces ni usar el ordenador, ni de trabajar autónomamente, sino porque necesitan pasar sus jornadas también en contacto con otros seres humanos en formato no virtual. Ese contacto de persona a persona, que en otro momento se daba en el centro educativo, en este momento, no puede llegar de otro lugar que no sea la familia.

Aunque es importante darles a los niños una oportunidad de seguir en contacto con la escuela a nivel emocional, y hasta un cierto punto, de contenidos, no lo es menos que puedan ser acompañados por sus familias de manera relajada -no mediante la sustitución de la tarea del profesor- en estos momentos en los que todo está cambiando a su alrededor.

No puede ser que los padres pasen las jornadas trabajando y haciendo de profesores y no puedan tener tiempo suficiente para la interacción relajada con sus hijos a través del juego o de actividades placenteras como la cocina o la lectura.

Es posible que, por las circunstancias que están atravesando, los padres no tengan la serenidad suficiente o el tiempo necesario para sustituir la presencia adulta que los niños necesitan para aprender los contenidos marcados por la escuela.

El aprendizaje mecánico, sin el calor de un adulto que crea realmente en la importancia del contenido que se transmite, deja de tener sentido. Y la solución no es que los padres tengan que convertirse en maestros de la noche a la mañana, sino todo lo contrario. Puede que el hecho de tener que hacer de maestros sea una dificultad más sumada a aquellas a las que se enfrentan.

Puede que un padre viva en un hogar en el que no disponga de los medios tecnológicos adecuados, o que los contenidos curriculares le sean ya muy lejanos. O que tenga que atender varios niños y su propio trabajo desde casa. O peor aún, que se sienta deprimido por la reciente pérdida de un familiar o angustiado por el cierre de su negocio.

De nuevo, cada familia es distinta y cada escuela también. Algunas escuelas están exigiendo cantidades enormes de trabajo a las familias, con mensajes diarios, y en cambio otras han sido mucho más discretas en cuanto a la cantidad y a la comunicación. Al margen de la cantidad de trabajo que cada comunidad educativa decida como válida, es necesario reflexionar acerca del contenido de lo que los niños a partir de primaria pueden aprender en este momento, y de lo que las familias son capaces de albergar.

Los aprendizajes de este momento histórico

Es muy importante que los niños puedan tener tiempo para vivir plenamente los sentimientos que les ha generado este cambio de vida radical y todas las consecuencias que se pueden estar expresando a su alrededor.

Algunos niños han perdido a su abuelos, otros pueden estar sufriendo más la soledad que otros, o la falta de sol y actividad física. Todos habrán sido testigos a su alrededor de diferentes reacciones ante la emergencia en su círculo vecinal. Si bien es algo que les aportará una información valiosísima sobre la gran diversidad de actitudes que los humanos pueden tener ante un mismo hecho, no siempre ha podido ser cómodo o comprensible.

Las conversaciones con la familia habrán transitado seguramente los temas más variados, dependiendo de la edad, y de lo que los padres hayan explicado acerca de lo que el mundo está viviendo.

Algunas familias habrán decidido protegerles de las noticias del exterior. Otras se habrán aventurado, si piensan que sus hijos están preparados para oírlo, a hablarles de cómo funciona un gobierno, del rol de la prensa y de temas incluso médicos. Está claro que las características del niño y su edad serán esenciales, el sistema de valores de cada familia, así como los eventos que hayan tenido que afrontar. para tomar la decisión de qué y cómo explicarles.

Los niños son seres curiosos por naturaleza, y lo más saludable es que puedan expresar sus preocupaciones abiertamente. A algunos niños les puede interesar algo que a otros les puede atemorizar. La presencia policial en las calles vacías, el uso de mascarillas que anulan la expresión humana, y tantas otras cosas, pueden no ser fáciles de digerir, incluso para un adulto. Escucharles sin quitar importancia a sus sentimientos, es esencial.

La sensibilidad de los niños con respecto al estado emocional de las personas y del ambiente es muy grande. Sin embargo, no tienen los mismos recursos ni información que los adultos para poder calmarse a sí mismos. Necesitan la mediación de los mayores. Si los adultos están viviendo con ansiedad estos días, como es lógico, en mayor o menor medida, a los niños les llega una parte de ese estado emocional. Un estado que no siempre es posible transformar, porque los adultos también tienen derecho a vivir sus duelos, los cuales necesitan tiempo.

Por todo ello, es importante que demos a los niños un tiempo para digerir y comprender, progresivamente, hasta donde se pueda, lo que sus familias están viviendo y lo que ocurre en la humanidad. Es importante ofrecer las noticias de tal modo que vayan acompañadas siempre de una dosis suficiente de noticias positivas.

Podemos explicarles por ejemplo, cómo que está mejorando en el planeta, el regreso del aire limpio y de los animales salvajes o el sonido de los pájaros. Es un momento excelente para trabajar el amor a la naturaleza, incluso desde la distancia, con cuentos, documentales, actividades de investigación, experimentos y actividades artísticas.

Y más allá de las explicaciones teóricas de cuestiones que pueden ser demasiado complejas o en algunos casos angustiantes para su edad, podemos transmitirles un mensaje de esperanza que les acompañe ahora y siempre. Un mensaje que no esté solamente compuesto de palabras y explicaciones, sino de acciones amorosas, llenas de sentido y coherencia.

Los niños pueden aprender de sus familias en estos días infinidad de cosas. Pueden ver cómo ayudan a un vecino a llevarle la compra, cómo llaman a alguien que vive solo, cómo hacen una donación para las familias más desfavorecidas, incluso en otra parte del planeta. Pueden aprender también cómo sus padres se reiventan y encuentran soluciones a los retos profesionales y económicos a los que se enfrentan.

También pueden pasar más tiempo cocinando alimentos sanos, creando un patrimonio familiar de tradiciones, salud y cultura gastronómica. Puede que se involucren en las tareas del hogar, por lo que es importante dejar espacio a su participación y permitir su opinión. Puede que les apetezca redecorar un rincón de la casa, o reordenarlo a su gusto, por ejemplo. O que se interesen mucho más por algunos aspectos de las profesiones de los padres. Incluso que pregunten más sobre sus orígenes o familia. Es importante que se sientan parte de la familia, y protagonistas también de este tiempo, para compensar su desaparición de otros ámbitos de la sociedad y vida comunitaria.

Puede que los niños, si tienen el tiempo necesario, comiencen nuevas aficiones que hasta el momento no habían descubierto. Que se inventen juegos nuevos de manera espontánea con sencillos materiales, que comiencen a usar una cámara de fotos por primera vez, o que usen más que nunca la expresión plástica. Que decidan escribir cartas sobre papel a sus familiares y amigos. O que se refugien de nuevo en la páginas de sus libros favoritos. O que aprendan a aburrirse descubriéndose en una dimensión distinta del tiempo.

Si convertimos los intereses espontáneos de los niños en currículum, y les acompañamos emocionalmente, nos daremos cuenta de que este tiempo en casa no es para nada tiempo perdido. Y que incluso no lo sería aunque no realizaran ninguna tarea escolar durante unos meses.

Porque es mucho más importante que los niños vivan este momento con serenidad que cumplir con un temario que, fuera de su contexto social original, pierde cuanto menos una parte de su fuerza y sentido.

El apoyo a la familia y la resiliencia

Del mismo modo, es indispensable que se pueda hacer un seguimiento de cómo están las familias, sobretodo las más vulnerables, a nivel psicológico y económico, y tratar de ofrecerles apoyo desde varios frentes.

Se ha hablado mucho de cómo pasar el tiempo con los niños proponiéndoles todo tipo de actividades, y mucho menos de cómo ayudar a los padres a vivir el día a día con ellos en casa en una situación absolutamente fuera de la normalidad.

Conversar con otros padres o profesionales de la crianza, compartiendo posibles soluciones sobre cómo organizar la jornada, los horarios, u otros aspectos logísticos, puede ayudar a sentirse cercano a familias con los mismos retos, a no marcarse metas imposibles, o a liberarse de sentimientos de culpa o de no ser adecuado.

No sabemos cómo están afrontando estas vivencias muchas de las familias, y tampoco los niños. Los efectos de la larga desconexión y falta de movimiento y juego con iguales puede dejar una huella de dimensiones distintas. Desconocemos cuáles serán los aprendizajes positivos y negativos que les quedará a cada niño. Será muy importante estar muy atentos a las posible secuelas, y dar espacio a la expresión de cualquier tipo de preocupación que haya podido permanecer.

El apoyo puede venir no sólo de la escuela, sino de la colaboración con psicólogos u otros profesionales, y será especialmente importante en el acompañamiento de las familias que se encuentren con mayores dificultades. Muchas tardarán en volver a la vida normal, o en sanar aquello que en realidad se había originado mucho antes y que ahora ha empeorado o se ha hecho visible. La comunidad de padres de un centro educativo puede también hacer su parte, tratando de interesarse en las condiciones de las familias de su clase.

Lo que sabemos seguro es que el ser humano tiene una capacidad de resiliencia que puede ser sorprendente. Y que, con la ayuda y atención adecuada, muchos niños pueden convertir estas experiencias en algo que puede ser determinante en su futuro. Es importante, sin embargo, es necesario estar muy atentos y poner en marcha todas las acciones necesarias para que esa resiliencia pueda construirse.

Y es que, si comprendemos la importancia del apoyo integral a las familias, conseguiremos que muchos niños transformen esta experiencia en algo positivo. Los adultos que les acompañen y la visión que se les dé del ser humano será esencial para que nazca en ellos la esperanza de que es posible aportar al mundo, incluso en situaciones de emergencia.

Si lo hacemos, algunos niños tal vez descubran en un futuro, gracias al ejemplo de tantos adultos que están trabajando por el bien común, su vocación de médico o enfermera, defensores del medioambiente, periodistas, maestros, escritores, campesinos, informáticos o artistas, y tantas otras profesiones que están siendo y serán cruciales.

El vínculo familias-escuela en la distancia

Desde el momento en el que reconocemos que las familias están viviendo esta emergencia de manera muy distinta, es imprescindible que la comunicación sea sincera y eficaz.

La comunicación dentro de la comunidad educativa es muy importante, tanto entre familias como entre padres y escuela. En este momento es esencial que se cuente con información lo más real posible acerca de la situación de cada familia para activar los recursos necesarios en cada caso.

Es, en realidad, el mejor momento para trabajar de manera sincera la escucha empática, la solidaridad y la ayuda mutua. En muchas casas hay más de un ordenador; en otras no hay ni siquiera una impresora. En unas casas se vive un verdadero drama familiar; en otras, como hemos dicho, puede que el confinamiento se acerque más a una especie de vacaciones o de momento cuanto menos de crecimiento personal y acercamiento entre sus miembros.

No es posible que en estas circunstancias se pidan los mismos resultados a todas las familias. Acompañar de manera personalizada a cada niño y familia en este momento, puede convertirse en la prioridad.

Es posible encontrar soluciones imaginativas para no añadir más peso a quienes ya llevan el suficiente, y dar mayor importancia a los aprendizajes que los niños están viviendo en primera persona, aunque no estuvieran previstos en las asignaturas programadas.

Sería interesante dejar el espacio necesario para que lo que la vida les está llevando se convierta en «currículum oficial». Un ejemplo sería crear un libro entre todos en el que poder expresar las vivencias y sentimientos de estos días, así como los nuevos aprendizajes que han llegado de manera sorprendente e inesperada.

Es posible también recoger los testimonios de padres y profesores aprendiendo nuevos recursos tecnológicos o inventando nuevas actividades.

Es realmente una situación muy complicada, en la que es difícil poner normas generales. Sin embargo, de esta experiencia pueden extraerse grandes aprendizajes con respecto a a comprensión de los diferentes roles de la comunidad educativa. Si se consigue ir más allá del concepto «didáctica a distancia» y se pone el foco en la oportunidad humana que tienen delante los niños, la escuela y los padres, se podrán crear comunidades educativas más fuertes y solidarias.

Y no sólo eso: la experiencia de escuchar lo que realmente está ocurriendo en la vida del niño, dentro de la unicidad de su familia, y de ligarlo con su momento histórico, puede a su vez cambiar la visión y el objetivo que esperábamos del currículum educativo, así como la relación entre familia y escuela. Un cambio que puede marcar también la visión de la educación de toda una generación de maestros.

Una educación que ponga en el centro una visión del ser humano como un individuo capaz de evolucionar y aprender gracias a los retos que la vida real le presenta, cambiará cuando las circunstancias lo requieran. A la vez, reconocerá la individualidad de cada niño y familia, y dará gran importancia al amor, los vínculos y el ejemplo como motores de aprendizaje.

Lo más importante que va a necesitar la humanidad para salir de esta crisis, son personas que sepan poner en común sus dones, en beneficio propio y de los demás, siempre en equilibrio con la naturaleza.

Por ello, es esencial que transmitamos a los niños un mensaje de unión entre personas y de esperanza en el futuro, a pesar de la distancia física que nos separa.

Maria Folch. Artista, educadora artística y asesora educativa para familias y escuelas formada en Crianza Positiva y Pedagogía Waldorf. Terapeuta de Flores de Bach y Reiki.  Divulgadora a través de este blog. Vive y trabaja en Reggio Emilia, Italia. 

Servicios: asesoramientos personalizados para familias y escuelas. Formaciones y talleres presenciales o virtuales sobre creatividad, educación y comunicación.

Contacto: maria@mariafolch.com



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