Mujeres artistas: Artemisia Gentileschi (1593-1654). Valentía, constancia y justicia.

Mujeres artistas: Artemisia Gentileschi (1593-1654). Valentía, constancia y justicia.

Durante estos días estamos siendo testigos en las redes sociales  y distintos medios de comunicación de tristes noticias, grandes debates y manifestaciones en relación al papel de la mujer en la sociedad y del respeto a sus derechos humanos. No estamos hablando solamente de diferencias de salario, posición social o conciliación familiar, sino de las muchísimas historias de violencia hacia las mujeres que cada vez más están saliendo a la luz. Desde luego no son historias nuevas, pero las voces que se están alzando cada vez más en contra de estos delitos -porque lo son-, están siendo cada vez más fuertes y por ello podemos pensar que la humanidad probablemente está en un punto de inflexión, de cambio, en el que sentimos que no se pueden tolerar más estas situaciones, y cuya energía de cambio no podemos desprovechar.

Para ilustrar este espíritu de lucha que estoy viendo en tantas mujeres, y también muchos hombres, he elegido un personaje histórico poco conocido que ha sido desde lo años 70 un símbolo del feminismo, y que a pesar de haber vivido hace varios siglos, todavía es de increíble actualidad. Enseguida descubriréis porqué.

Artemisia Gentileschi (1593-1654) es una artista poco conocida por algunos que se está revalorizando cada vez más por los expertos, no sólo por el hecho de haber conseguido en su época llevar adelante una carrera como pintora, sino por su indudable calidad artística.

A pesar de sus múltiples logros, como por ejemplo lograr asistir a la Accademia del Disegno de Florencia, típicamente reservada para hombres, su vida estuvo llena de grandes dificultades. Durante un tiempo no obtuvo el reconocimiento que se hubiera merecido su obra, pues muchos de sus cuadros fueron atribuidos durante mucho tiempo a su padre, y a otros artistas varones. A pesar de que en vida pudo vivir de su trabajo, una vez fallecida cayó en el olvido, y ha sido redescubierta muchos siglos después de haber sido ignorada por la Historia del Arte oficial, la cual la consideró hasta hace poco una artista menor.

Estilísticamente podemos reconocer en sus obras la influencia del artista Caravaggio, no sólo por su típico uso del claroscuro, sino también se aprecia en el modo de representar los personajes, pues Artemisia hace uso de un realismo descriptivo y dramatismo en ocasiones estremecedores.

Su recorrido artístico va inevitablemente unido a sus experiencias vitales, por lo que es interesante para valorar su obra, profundizar en algunos aspectos biográficos que fueron determinantes para el desarrollo de su extraordinaria técnica y sensibilidad.

Hija del artista Orazio Gentileschi, aprendió de su padre la técnica y el oficio de pintor, en una época en la que las mujeres no tenían ni las oportunidades ni el apoyo social para desarrollar su vocación artística. Al poco tiempo se convirtió en la alumna favorita de su padre por sus brillantes dotes.

Relato de una violación

La vida de Artemisia cambiará radicalmente cuando conocerá al artista Agostino Tassi, el cual fue amigo y colaborador de su padre. El pintor aprovechó la confianza que su padre tenía depositada sobre él para violar a Artemisia cuando ésta contaba tan sólo con 18 años.

Éste es el relato que se conserva relatado por la propia artista que aparece en el blog Bbc:
“Cerró con llave la habitación y después me tiró sobre la cama, inmovilizándome con una mano sobre el pecho y poniéndome una rodilla entre los muslos para que no pudiera cerrarlos y me levantó las ropas, algo que le costó muchísimo trabajo. Me puso una mano con un pañuelo en la garganta y en la boca para que no gritara (…). Yo le arañé el rostro y le tiré del pelo”.

Un año después el culpable fue denunciado por el padre de Artemisia ante el Tribunale Criminale del Governatore di Roma. El juicio se extendió durante siete largos meses durante los cuales Artemisia tuvo que demostrar su inocencia, siendo sometida a una prueba ginecológica humillante y a métodos de interrogación que incluían torturas en los dedos con el fin de que ésta dijera la verdad. La parte positiva del juicio fue que se pudo desenmascarar a Tassi, descubriéndose que había cometido otros actos violentos hacia otras mujeres cercanas, e incluso había querido robar obras de Orazio Gentileschi. Tassi fue condenado a un año de prisión y al exilio.

Dos días después del escándalo del juicio, Orazio, el padre de Artemisia, la casó con un pintor florentino llamado Pierantonio Stiattessi para salvar la reputación de Artemisia.

Una mirada femenina más allá de su tiempo

Artemisia ha pasado finalmente a la Historia como símbolo de una mujer con grande talento y valores, y que no acepta los roles injustos de su sociedad.

En 1610, cuando sólo contaba con 17 años de edad, había pintado una versión del texto bíblico “Susana y los viejos”, alejada de todo convencionalismo. En este episodio se relata la historia de la Casta Susana, quien se estaba bañando tranquilamente cuando dos viejos la acosaron proponiéndole relaciones sexuales. Susana les rechaza, y éstos como venganza, deciden denunciarla por adulterio, acusación por la que estuvo a punto de ser lapidada. Afortunadamente, Susana fue socorrida por el profeta Daniel quien, habiendo descubierto la verdad de los hechos, evitó el trágico final justo en el último momento.

La gran diferencia de la versión de Artemisia con la de otros artistas masculinos que habían representado el mismo episodio es uno de los motivos por los que su obra cobra especial importancia. En la versión de Artemisia Susana muestra un rechazo evidente y explícito hacia los viejos, mientras que en algunas de las versiones masculinas se representaba la protagonista con una actitud más pasiva y menos abiertamente disgustada.

Escuela de Utrecht. Fuente: Wikigallery.org

¿Una obra maestra terapéutica?

Artemisia ha pasado a la Historia del Arte sobretodo por una obra que se ha considerado la proyección de un acto de autosanación del traumático suceso con el pintor Tassi. Se trata de “Judith decapitando Holofernes”. La obra tiene dos versiones, una realizada en Roma, entre 1611-12, y la segunda, en Florencia, entre 1612-13, la cual se conserva actualmente en la Galería de los Uffizi en Florencia. La segunda obra es una mejora de la anterior, en la que realiza pequeños pero importantes cambios técnicos en la descripción de las telas y adornos, composición y anatomía.

Esta historia narra el momento en el que Judith, asistida por su doncella, decapita a Holofernes. El capitán asirio, además de ser el enemigo de su pueblo, había querido conquistarla, por lo que Judit aprovechó el momento en el que éste estaba totamente ebrio y dormido para ejecutarlo.

La narración de este episodio también había sido representado durante el Renacimiento por muchos artistas, y en cierto modo, era considerado una alegoría de la victoria de las mujeres sobre los hombres. Cuando Artemisia lo representa obviamente no podemos desligarlo de los recientes hechos que marcan su biografía personal. La extrema crueldad y realismo con la que representa la escena ha hecho pensar a muchos historiadores como R.W. Bisell (experto en barroco y arte italiano) e incluso psicólogos y psicoanalistas que la obra constituyera todo un acto de venganza contra su agresor.

Un símbolo del feminismo todavía actual

Artemisia consiguió llevar a cabo una carrera artística fructífera durante todo su vida, con reconocimiento de sus coetáneos. Sin embargo, una vez fallecida, su obra cayó en un olvido, que como hemos ya indicado, ha durado hasta hace relativamente poco. Uno de los movimientos sociales que contribuyó a resucitar su figura, y a reconstruir una historia del arte protagonizada por mujeres fue el feminismo.

La historia de Artemisia, desafortunadamente, no está tan lejos como sería deseable de la realidad actual. El debate en todo el mundo sobre el acoso sexual que hoy en día todavía vive la mujer está en nuestra sociedad más vivo que nunca. Se están sucediendo a nivel social constantes campañas de visualización de episodios parecidos, en pleno siglo XX que incluyen también la parte occidental del mundo. Incluso muchos personajes públicos del mundo del cine han reconocido que en algunos momentos de su carrera han vivido agresiones parecidas, y sólo hasta ahora se han atrevido a denunciarlas.

Quisiera terminar este pequeño homenaje a Artemisia como siempre, con una reflexión y a poder ser, con datos. Comparto con vosotros un artículo de Amnistía Internacional que ha sido para mí un sorprendente y a la vez desagradable descubrimiento. Algunos países miembros aún tienen pendiente reformar algunas de sus leyes para que sea abiertamente explicitado que cualquier forma de relación sexual sin consentimiento sea considerada violación.

Visualizar las cosas, explicarlas, reconocerlas, llevarlas a la luz, es el primer paso para cambiar las cosas. Pero es importante que no nos quedemos ahí. Es necesario visualizar informaciones para tomar consciencia, pero también es necesario que cada uno de nosotros, desde nuestro lugar, podamos realizar acciones, grandes o pequeñas, que ayuden a cambiar el imaginario colectivo de lo que representa la mujer, de sus derechos y de su relación con el hombre.

Podemos pedir a nuestras escuelas que trabajen los estereotipos de género, cultivando en niños y niñas una mirada crítica hacia la manipulación mediática. Podemos negarnos a consumir televisión, cine, y música, que perpetúe esos roles, y sustituirlos por otros más saludables. Podemos ayudar a quienes están o han sufrido una agresión en su entorno. Incluso podemos crear una obra de arte, escrito o libro que nos ayude a sanar las posibles agresiones vividas. Y tantas otras cosas, porque la violencia puede tener muchos y distintos orígenes, y sería imposible analizarlos todos en dos párrafos.

No olvidemos, por ejemplo, que muchos traumas nacen en la más tierna infancia, y el modo en el que una persona es acompañada en los primeros años de su vida, tiene consecuencias que pueden llegar a la edad adulta, para bien o para mal.

Lo que no podemos negar es que evolutivamente hemos llegado a una situación en la que el NO tiene que cobrar un sentido distinto, no sólo de reivindicación o de límite, sino también de firme convencimiento de que es necesario realizar un cambio colectivo, y que es necesario actuar, tanto a nivel individual como colectivo. Al menos hasta donde nos sea posible en este momento histórico y hasta donde nuestras capacidades nos permitan. No hacerlo sería, en cierto modo, negar el gran trabajo que grandes heroinas como Artemisia Gentileschi han llevado a cabo, y del que todos somos herededos y debemos aprovechar. ¿Podemos aprovechar la Historia para reflexionar sobre el papel del ser Humano en el mundo e intentar no repetir los mismos errores?

Si os apetece compartir ideas de ideas, reflexiones y acciones concretas que nos inspiren a cambiar viejos patrones, estaremos felices de compartirlas con nuestros lectores.

Links relacionados

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Artículo de Amnistía Internacional

Artículos sobre Artemisia Gentileschi:

Wikipedia 
SmartHistory

Galería Uffizi

Libros sobre Artemisia en inglés
“Artemisia Gentileschi. The image of the female hero in Italian Baroque Art”. Mary D. Garrard
Artemisia Gentileschi and the Authority of Art. R. Ward Bisell



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