Resiliencia, primera infancia, amor y Arte

Resiliencia, primera infancia, amor y Arte

Por si pasáis por aquí por primera vez, o por si no lo sabíais. Ebeca es un proyecto de investigación que intenta interrelacionar ideas, conceptos, personas, etc. como podéis leer en la presentación del blog. En esta ocasión intentaré conectar resiliencia, primera infancia, amor y Arte, compartiendo distintas informaciones que espero os sean de utilidad.

Buscando información sobre el tema del desarrollo neuronal y la prevención de salud mental, he dado con una web americana interesante de un proyecto sobre prevención de maltrato: ChildWelfare. Concretamente, en un pdf muy completo informativo sobre Brain Developement (desarrollo del cerebro). En este documento mencionan cinco actuaciones aconsejadas por el HHS Children’s Bureau (2015) para los profesionales que trabajan en prevención de abusos con familias en riesgo, pero bajo mi punto de vista, podrían ser aplicables a cualquier familia, al nivel que requiera su circunstancia.

-Nurturing and attachment. (Cuidado y apego)
-Knowledge of parenting and of child and youth developement. (Conocimiento de la crianza y desarrollo del niño y del joven)
-Parental resilience. (La resiliencia de los padres)
-Social connections. (Las conexiones sociales)
-Concrete supports for parents. (Apoyos concretos para los padres)
-Social and emotional competence for children. (Competencia social y emocional de los niños)

Parece claro que para prevenir problemas mentales en los pequeños, disponer de información adecuada sobre qué necesitan los niños y a qué edad, y cuidar el bienestar de los padres, brindándoles apoyo a nivel emocional y logístico es esencial para la salud física y psicológica del niño. Lo hemos comentado en otras ocasiones, como cuando hablábamos de la relación entre empatía y apego en este otro post. 

Lo que deja clarísimo el documento es que los malos tratos dañan el cerebro del niño, y de qué manera se pueden manifestar estos traumas en las diferentes etapas de la vida.

Podéis aprovechar también este interesante documento para descubrir mucha información sobre el desarrollo del cerebro en distintas edades. Un dato sorprendente que tal vez no conocíais es que el cerebro aún se sigue desarrollando al menos hasta la mitad de la década de los veinte, con un momento de especial crecimiento durante la adolescencia.

La sensación con la que uno se queda leyendo este documento, publicado en Estados Unidos, pero trasladable a otras realidades, es que es importantísimo ser conscientes de la importancia de la prevención para evitar que ocurran estos episodios de maltrato, apoyando e informando al máximo a las familias, especialmente a aquellas más vulnerables. Sin embargo, me he quedado muy pensativa después de leer estos datos tan duros.

¿En qué medida es posible recuperarse de un trauma? De hecho, todos hemos oído hablar de personas que se han recuperado de ciertos traumas en la edad adulta. Las llamamos personas altamente resilientes. El problema es que, tal como comenta el documento, es mucho más complicado, y no hay ninguna garantía de éxito, pues cada ser humano es único, y no podemos saber qué capacidades tendrá cada uno para superar ciertas cosas.

Así que para poder profundizar sobre hasta qué punto es posible superar traumas después de la primera infancia, he intentado encontrar alguna información acerca de la capacidad de resiliencia, y enseguida he dado con el nombre de un autor referente en este tema: Boris Cyrulnik.

Buscando información on-line he encontrado este artículo, el cual habla un poco de su vida y orígenes en una web muy interesante sobre psicología y familia de Argentina. El autor es Aldo Melillo, médico, psicoanalista, y autor y compilador del libro “Resiliencia. Descubriendo las propias fortalezas y de diversos trabajos psicoanalíticos”. El tema central del artículo es la resiliencia y el pensamiento de Boris Cyrulnik.

De entrada me parece interesantísimo descubrir a través del artículo, algunos datos sobre la infancia de Boris Cyrulnik, donde podría hallarse el germen de su vocación y futuro interés por el tema de la resiliencia.

Parece ser que Boris Cyrulnik tuvo que sufrir la pérdida de sus padres en un campo de concentración nazi. Por suerte, él pudo escapar del campo a la edad de seis años, pero el resto de su familia sería deportada. Cuando la guerra hubo finalizado, pasó por diversos centros de acogida hasta llegar a una granja de Beneficiencia. Tal vez lo más previsible hubiera sido que, con experiencias tan traumáticas, hubiera terminado viéndose inmerso en problemas sociales, de delincuencia o que se hubiera convertido en un maltratador. Sin embargo la fortuna quiso que tuviera unos vecinos que compartieron con él su amor por la vida y por la literatura y que éstas fueran, según Cyrulnik, algunas de las bases de su salvación:

«Estudié medicina por un deseo de seguridad, de integración; nadie duda que es porque mi familia fue deportada por lo que yo quise orientarme hacia la psiquiatría, explorar la mente humana y dar un sentido a lo incomprensible».

El artículo insiste en que encontrar el sentido de la propia vida es imprescindible para comenzar construir la resiliencia. Desde Ebeca, también compartimos aforismos sobre el sentido de la vida de Viktor Frankl que iban en la misma dirección.

Boris Cyrulnik se transformó en un neuropsiquiatra, psicoanalista y estudioso de la etología.

En la visión de Cyrulnik la resiliencia lleva en sí misma un mensaje de esperanza «porque en psicología nos habían enseñado que las personas quedaban formadas a partir de los cinco años. Los niños mayores de esa edad que tenían problemas eran abandonados a su suerte, se les desahuciaba y, efectivamente, estaban perdidos. Ahora las cosas han cambiado: sabemos que un niño maltratado puede sobrevivir sin traumas si no se le culpabiliza y se le presta apoyo».

Recuerdo haber leído en algún documento sobre resiliencia que la creación de un apego seguro contribuía positivamente a la construcción de la resiliencia futura de una persona. Y efectivamente, en el artículo también aparecen las siguientes reflexiones de Cyrulnik al respecto que apuntarían en la misma dirección:

«…la genética tendrá algo que decir, pero que las interacciones precoces hablarán mucho más, mientras que las instituciones familiares y sociales contendrán lo esencial del discurso» (Cyrulnik, Boris, La maravilla del dolor, Barcelona, Granica, 2001, pag. 193).

¡No es casualidad que Boris Cyrulnik considere a John Bowlby, padre de la teoría del apego, como uno de sus maestros!

En las palabras y visión de Boris Cyrulnik veo la confirmación de la importancia de las relaciones humanas, sobretodo en los primeros años, pero también mucha esperanza y confianza en las múltiples formas en las que una resiliencia se puede construir, ya sea a través de personas, aficiones, o cualquier otro motivo que pueda ayudar a seguir hacia delante y disfrutar de la vida. Y eso es posible, en palabras de Cyrulnik, incluso hasta la vejez.

El motor de la resiliencia, según su opinión, puede ser desde “una persona, un lugar, un acontecimiento, una obra de arte que provoca un renacer del desarrollo psicológico tras el trauma. Casi siempre se trata de un adulto que encuentra al niño y que asume para él el significado de un modelo de identidad, el viraje de su existencia. No se trata necesariamente de un profesional. Un encuentro significativo puede ser suficiente. (…) Muchos niños comienzan a aprender en el colegio una materia porque les agrada el profesor. Pero cuando, veinte años después, uno le pide al profesor que explique la causa del éxito de su alumno, el educador se subestima y no sospecha hasta que punto fue importante para su alumno» .

El trabajo de Cyrulnik me ha regalado grandes sensaciones. En cierto modo, me ha hecho creer más en el género humano y en sus posibilidades. Sin duda alguna, me leeré alguno de sus libros.

Me ha permitido reflexionar también sobre la importancia y responsabilidad que pueden tener los adultos en el acompañamiento de los niños durante su infancia: padres, maestros y la sociedad en general. Porque aunque exista la resiliencia, igualmente hemos de tener en cuenta de que lo más importante es cuidar lo mejor posible a los más pequeños, pero no sólo en los primeros años, sino en realidad, en todas las edades.

Me pregunto a mí misma, y hago extensiva también a vosotros la pregunta: ¿en qué medida las cosas bellas como los libros, el arte, o la música tienen la capacidad de mejorar la vida de una persona? ¿No estaremos infravalorando su potencial como sociedad?

Estoy convencida de que para muchos estas manifestaciones de la belleza han podido ser como mínimo, una parte de la salvación de mucha gente y un motivo para vivir. La otra parte habrá sido, sin duda alguna, el contacto con personas amorosas y comprensivas, que hayan podido ser usadas como inspiración y ejemplo, haciendo nacer el deseo de seguir viviendo, y poder devolver lo recibido, ayudando a otros seres humanos.

Yo cada vez estoy más convencida de ello. El amor y el Arte son dos formas de de ayudar a superar la parte más oscura de la existencia. Ojalá todos pudiéramos disfrutar de ambas cosas desde la más tierna infancia y durante toda la vida. Y ojalá no fuera necesario escribir sobre los efectos y tratamientos de los maltratos en la vida de las personas, simplemente porque dejaran de existir.

Servicios asociados

Talleres y charlas para padres y maestros presenciales o virtuales. Para grupos o personas individuales.

Podemos abordar temas como el apego, la comunicación positiva, y la creatividad en las diferentes edades de la infancia. Consultad los distintos temas a disposición.

Imparte los talleres: Maria Folch, educadora artística, asesora educativa formada en crianza con apego y formación Waldorf. Divulgadora a través de este blog.

Contacto: maria@mariafolch.com

Facebook & Instagram: MariaFolchArt



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