Jugar con los elementos de la naturaleza: el hielo

Jugar con los elementos de la naturaleza: el hielo

La naturaleza es una fuente inagotable de conocimiento para todas las edades. Los beneficios de jugar en la naturaleza son útiles para niños y adultos, como ya vimos en el artículo sobre el Prospect Park de Brooklyn. Los elementos de la naturaleza pueden llevarse también al interior de un aula o de casa, y así crear oportunidades de aprendizaje que puedan relacionar sus experiencias en diversos planos.

Me gustaría encontrar una definición que fuera útil para la palabra creatividad, tan utilizada en nuestros días y a la vez tan necesaria para nuestra cada vez más cambiante realidad. Tal vez sería más fácil para mi comenzar investigando cuáles son las capacidades asociadas a ella. Algunas de las primeras habilidades con las que se me ocurre asociar a la creatividad son: la capacidad de transformación, renovación, cambio, y de adquirir nuevas formas, adaptadas a nuevos usos. ¿No son esas habilidades útiles no sólo para los niños, sino también aplicables a nuestra vida como adultos? ¿Y no es cierto que estas habilidades están a su vez presentes en la naturaleza?

La transformación a la que esta sujeta la naturaleza con todos sus ciclos es una fuente inagotable de inspiración. Cuando los niños están cerca de la naturaleza aprenden de sus ciclos y mutaciones, cuya esencia en cierto modo está presente en ellos mismos.

Antes de que los niños puedan comprender esos procesos y aplicar todas esas capacidades a problemas más complejos de la vida cotidiana, es esencial que puedan tener suficientes experiencias a través de la materia y elementos que les envuelven. Los niños juegan con todo su ser, haciéndose uno la experiencia, la cual de algún modo, pasa a formar parte de su bagaje personal. Realmente desconocemos cuáles son las nuevas conexiones que se formarán en ellos a partir de esas experiencias, ¡así que adelante con la experimentación! Siempre que sea respetuosa con el medio ambiente, con los demás y con sus propios ritmos.

En este post os describiré cinco experiencias vividas en distintos espacios y circunstancias en las que niños de preescolar han sido protagonistas de sus propias búsquedas de transformación con elementos de la naturaleza, en este caso en relación con el hielo.

1 Pintar la nieve


En un taller de arte un niño de unos cuatro años se dio cuenta, mientras estaba realizando su actividad, de que había comenzado a nevar. El niño le preguntó a la maestra si la nieve se podía pintar. La maestra, en lugar de dar una respuesta cerrada, que hubiera sido simplemente una respuesta teórica, le dijo al niño que podía probarlo y procedió a ofrecer materiales al niño para que pudiera llevar a cabo su personal propuesta.

2 Pintar con pinturas congeladas


Hacía días que en el grupo de juego hablaban de la nieve y de las formas que iba tomando. Una niña había observado que la nieve en algunas zonas de la ciudad se tenía de marrón cuando se mezclada con la tierra. Así que estuvieron hablando de los distintos colores que tenía la nieve cuando se mezclaba con barro u otros elementos. ¿Y si la nieve fuera de colores? La maestra propuso traer sencillas pinturas heladas realizadas con pinturas naturales para hacer realidad su idea.

3 Congelar la Navidad


En un grupo cooperativo de juego, los niños conversaban después de las Fiestas de Navidad acerca de cómo habían ido las vacaciones. Se intuía una cierta nostalgia por los buenos tiempos pasados en familia. Los niños tenían a su disposición restos del árbol de Navidad y de la típica planta roja que la maestra había pedido traer ese día a clase.

Juntos metieron en un tupper grande varios de los restos orgánicos de las navidades (una rama, una hoja, un piña) y observaron al día siguiente cómo el aspecto del bloque entero lleno de elementos navideños iba deshaciéndose y se iban haciendo visibles los elementos en él “atrapados”. No les sirvió para volver al pasado, pero pudieron mantener algo de la esencia de la Navidad en clase durante unos días y a partir de ahí conectar con otras experiencias que les condujeron al siguiente momento del año de modo natural.

4 Rebozar el hielo con arena


Una familia se encontraba cerca de la playa de Brighton Beach en Brooklyn mientras se tomaba un refresco repleto de hielo en un bar. El bar estaba justo al lado de la playa, por lo que su hija jugaba alegremente con arena y unas conchas. En un determinado momento la niña le pidió un hielo al padre para jugar. Cuando se dio cuenta de que el agua ayudaba a que se adhiriera la arena en el exterior del hielo, comenzó a pedirle más hielos para preparar sus “croquetas” de hielo rebozadas en arena. Luego le presentó el “aperitivo” completo que había estado “cocinando” ¡Mmmm… que aproveche!

5 Desenterrar troncos del hielo


Un simple paseo por la nieve del Prospect Park de Brooklyn dio pie en este caso a un sencillo juego: tratar de desenterrar del hielo pequeños trozos de elementos naturales que quedaron enterrados en él.

Espero que os hayan gustado estas experiencias. ¿Y vosotros, qué habéis podido experimentar a través del hielo? ¡Compartid con nosotros vuestras experiencias si os apetece!

En todos los casos nos encontrábamos en entornos en los que se priorizaban los materiales respetuosos con el medio ambiente (pinturas y otros elementos son biodegradables, realizados manualmente, reciclados…) por lo que podemos decir que todas estas actividades son de impacto cero.



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